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Maduro y el Papa Francisco: el síndrome de Pío XII


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El llamativo rechazo que el último comunicado de la Santa Sede ha provocado en algunos ambientes debido a un presunto silencio pontificio sobre la crepitante situación venezolana invita a una reflexión que procure estar lo más desprovista que se pueda de situaciones previas que signifiquen condicionamientos sociales, políticos y culturales. No se trata de ignorarlos o evitarlos, pero sí de disminuir la posibilidad de que ellos dificulten e incluso inhiban leer una realidad que les excede.

La tarea consiste, por lo tanto, en articular una mirada más serena y profunda, pero sobre todo más real, sobre una cuestión de naturaleza eminentemente pastoral, que no impide considerar su impacto temporal.

De cualquier modo, los títulos morales de la intervención de la Iglesia Católica en asuntos temporales, en caso de grave lesión de los derechos fundamentales de la persona o cuando se encuentre en riesgo la salvación de las almas, siempre han sido discutidos, aun cuando sean legítimos desde su propia perspectiva. Se trata de una zona gris y siempre vidriosa, que abre espacio para la polémica.

Aunque el punto de partida ha de ser una lectura veraz de la realidad. Ahora se han conocido acusaciones de omisión, pero lo cierto es que el papa Francisco ha hecho personalmente y de manera pública en reiteradas ocasiones declaraciones sobre este problema en no menos de media docena de veces. En otras similares ha sido acusado de intervención política. Palos porque bogas, palos porque no bogas. Tanto Benedicto XV como Pío XII clamaron hasta el cansancio, pero vanamente por impedir las declaraciones de la primera y segunda guerras mundiales. ¿Cuándo es suficiente?

Anteojeras culturales

También resulta no menos llamativo en el caso un cierto fastidio con la persona de Francisco evidenciado en el punto, aunque en distinto grado, por personajes, ellos y ellas, para quienes cualquier dato religioso les tiene sin mayor cuidado. En primer lugar, porque son muchas veces extraños, no ya a la propia vida de la Iglesia Católica, sino aun a la más mínima experiencia de una categoría de fe.

Sin embargo, puestas en inquisidores de las a menudo malinterpretadas conductas francisquistas, estas personas se sienten con plenos derechos de impartir al Papa, con índice levantado y aires mayestáticos, sus propios criterios en una materia pastoral que les es obviamente no sólo desconocida sino también ajena. Para dictar cátedra, algún título hay que tener, empezando por el de la buena fe.

La crítica, hoy ya en tono de monserga, aunque se conceda que haya llegado el bendito pronunciamiento, pero tarde, vuelve sobre una más o menos velada, aunque antigua acusación de chavismo, formulada por quienes ven en el Papa la encarnación espiritual del tradicional populismo latinoamericano.

Hay que decir también que la mayor incisividad suele suscitarse especialmente en las vertientes más opositoras al régimen, que suelen estar radicadas, pero no sólo, en una derecha liberal inveteradamente opuesta a la doctrina social de la Iglesia. Todo ello nos coloca ante un escenario más amplio a partir del cual pueden comprenderse mejor esas actitudes destempladas.

Los colores de la realidad

En situaciones de crispación, como lo es la que está viviendo Venezuela, la paleta de colores, que es lo propio de situaciones marcadas por la heterogeneidad, se va irremisiblemente difuminando, y lo único que queda a fin de cuentas es el blanco y negro. Los complejos meandros de la realidad suelen sufrir en estos casos la encerrona de los extremos, para concluir en una disyuntiva implacable que de otro modo hubiera sido posible ahorrar y que se tiñe con el rojo de la sangre. Porque si toda muerte es un fracaso, mucho más dolorosa lo es cuando ella se multiplica con una guerra civil.

Este es el paciente esfuerzo de los constructores que a menudo quieren evitar lo peor, aun sufriendo la incomprensión de los contendientes. Viene a cuento aquí lo dicho por uno de los mejores conocedores de Francisco, el jesuita italiano Antonio Spadaro, para quien el Papa no es ideológico ni piensa en blanco y negro, ese conjunto bicolor tan propio de los nacionalismos y de los fundamentalismos, pero que no les es exclusivo.

Este talante incuestionablemente arduo signado por el diálogo se encuentra, como resulta evidente, más expuesto a las injusticias de las incomprensiones del facilismo. Pero también garantiza sin duda un tratamiento más humano y sobre todo más cristiano de la convivencia social, si se piensa que la escalada de la violencia no suele reconocer otro límite que la virtual aniquilación del contrario.

La superación de una redención individualista

Hay que advertir también otro elemento por el cual se reconoce en Francisco al Papa que ha leído aquello que pedía el Concilio hace más de medio siglo y que pocos concretaron, sencillamente porque no es fácil cumplimentar: auscultar los signos de los tiempos. Hay que tener buena vista para ver, aunque más no sea para mirar un poco más allá de nuestro propio mundo.

El pontífice, y quizás sea esta una de sus tareas más profundas emprendidas en la historia de la Iglesia contemporánea junto con el Concilio Vaticano II, está generando un cambio fundamental en la sensibilidad de los fieles católicos en el sentido de colocar a la dimensión social de la fe en el centro de la llamada nueva evangelización. Es decir, remitir a la fe a la pureza de su mensaje original, despojándola de sus excrecencias culturales.

Esta tarea de dimensiones colosales incluye el recate del individualismo o el retorno de la religión a la vida social y pública, después de haber atravesado una fase subjetivista de la cual llevará mucho tiempo desprenderse todavía y que es erróneamente interpretada como una politización de la naturaleza religiosa del mensaje. "Salva tu alma", leía en mis años infantes en carteles de la campaña bonaerense, pero así enunciada se comprende que esa frase no consiga expresar de un modo completo la alteridad esencial de la vida cristiana.

Las críticas a Francisco de incursionar en política, que tantas animadversiones le ha significado y que el Papa despierta en alguna parte de los propios fieles católicos, si bien más que nada en su propia tierra, incluso también en el clero, se explica por varios motivos. En primer lugar, por los excesos de las amargas experiencias de una sustitución política de la fe en el último tercio del siglo pasado. Pero también por una cierta visión reduccionista, aunque inculpable, no menos real, respecto de la propia manera de entender el sentir genuinamente evangélico. El fundamentalismo, que no es un virus que solamente enferma al islam, no sería sino otra expresión patológica de ese mismo proceso más general en el cual estamos todos de un modo u otro incursos de una visión más plena de la dimensión religiosa de la existencia humana.

Desde luego que no es este un elemento, el de la significación de la fe en la escena pública, que pasa desapercibido para esas voces hostiles al Papa, cuajadas de invectivas aullantes, acaso plañideras, y las explica. Porque dicho cambio radical es también hoy erróneamente interpretado con una perspectiva poco abarcativa de una rica realidad, como un populismo político o un pauperismo teológico. Natural, porque nunca los cambios tan profundos han sido comprendidos desde un comienzo.

El silencio que habla

Finalmente, aparece aquí también un elemento muy tradicional de la vida diplomática, como son las gestiones reservadas, que no pueden dejar de considerarse en el caso, porque ellas han estado también muy presentes. Sin duda constituyen, a lo largo de los siglos, un capítulo precioso de la historia del pontificado.

Existe entre los teólogos una discusión sobre si es más efectivo el ejercicio de la denuncia profética para terminar con un mal o tratar de resolverlo por el camino alternativo del diálogo y la persuasión, una tarea para la cual se requiere, en primer lugar, la discreción, una virtud propiamente diplomática. Cualquier matrimonio lo sabe muy bien. Gritar puede calmar el deseo de ser escuchado o dejar tranquila la conciencia, pero resolver poco o incluso agravar un panorama crispado. Ambas actitudes tienen sus más y sus menos, pero ninguna de ellas puede ser declarada el único camino y la prudencia aconsejará en todo caso una u otra opción de acuerdo con el caso concreto, pero no es posible solucionar la cuestión con una sentencia de carácter general.

Tal vez debido a las circunstancias, el papa Francisco haya sido colocado en esta ocasión en el lugar de Pío XII respecto de su famoso silencio en el momento de la Shoah. El papa Pacelli padece, aún hoy, a pesar del tiempo transcurrido y de un ponderable conjunto de evidencias que acreditan su falsedad, la acusación de haber callado sobre la persecución al pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial.

Como celoso pastor de su grey, Pío XII tenía como prioridad salvar la integridad de los católicos alemanes, porque la caridad empieza por casa. Después de convencerse de la inutilidad de la denuncia pública, él eligió el camino callado y oculto, pero perseverante y eficaz, de la salvación de personas concretas que en ponderable número fueron rescatadas del mal. De otra parte, fue el mismo Pío XII quien enfrentó con el mismo silencio la persecución peronista a mediados de los cincuenta, a pesar, como ahora ocurre, de las presiones opositoras al régimen, donde también, igual que hoy, el episcopado local mostró una actitud distinta, pero mucho más aún los laicos, verdaderos protagonistas como corresponde de la asonada militar.

¿Habrá pesado ayer en el ánimo del papa Pacelli, o acaso hoy en el del papa Bergoglio, que tanto en el peronismo como en el chavismo militaban políticamente sinceros fieles cristianos? En el deber de apacentar, un pastor mira el bien de todo el rebaño, pero también comprende que él se compone del bien de cada una de sus ovejas. Resulta oportuno recordar que un Papa no es un político o un empresario, aunque pueda revestir alguna de sus características, sino un pastor, y este carácter es el que mejor define la personalidad de Francisco.

El rezo y el mazo

No falta quien se ha apresurado a señalar que la continuidad de un conflicto supone el fracaso del mediador. Pero aparte de que el cardenal Parolin, secretario de Estado, ha aclarado suficientemente que no ha habido un papel propio de la mediación, cabe preguntarse: ¿Fracaso del Papa? Fracaso en todo caso de las partes. Buena parte de los comentarios que se han escuchado estos días evidencian en este sentido un desconocimiento, no sólo de los usos internacionales, sino del mismo quehacer de la Santa Sede.

Francisco ha recordado que, cuando nos encontramos frente a una situación de crisis, hay que considerar siempre que el estilo de la Sede Apostólica es el de una diplomacia proactiva y no solamente reactiva, en la que no se busca siempre dar la propia contribución. Si a veces esto no se logra, ello no es una excusa para descansar en la providencia divina, porque lo importante es, para un creyente, ponerse a rezar y a trabajar. A Dios rogando y con el mazo dando, como dice la sabiduría del pueblo cristiano que siempre mantiene, por sobre todas las contingencias humanas, un horizonte de esperanza.

El autor es director del Instituto de Cultura del Centro Universitario de Estudios (Cudes).

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    • Eric Ouellet

      Que vos prières soit préparées comme une encens apaisante pour Jéhovah

      Chez les Israélites, l’offrande d’encens était un symbole approprié pour désigner les prières que Dieu entend. C’est pourquoi le psalmiste David a chanté à Jéhovah : 

      “ Que ma prière soit préparée comme l’encens devant toi. ”
      — Psaume 141 : 2
      JÉHOVAH DIEU a chargé son prophète Moïse de préparer un encens sacré à l’usage du culte qui lui était rendu dans le tabernacle d’Israël. Il a donné lui-même la formule de ce mélange composé de quatre ingrédients aromatiques qui dégageaient une bonne odeur. — Exode 30:34-38.
      L’alliance de la Loi dans laquelle la nation d’Israël avait été admise prévoyait de faire brûler quotidiennement de l’encens (Exode 30:7, 8). Ce geste avait-il une signification particulière ? Oui. En témoignent ces paroles du psalmiste : “ Que ma prière soit préparée comme l’encens devant toi [Jéhovah Dieu], l’élévation de mes paumes comme l’offrande de grain du soir. ” (Psaume 141:2). De plus, dans le livre de la Révélation, l’apôtre Jean dit de ceux qui se tiennent autour du trône céleste de Dieu qu’ils ont des bols d’or pleins d’encens. “ Et, précise le récit inspiré, l’encens représente les prières des saints. ” (Révélation 5:8). Il apparaît donc que la combustion d’encens odorant symbolise les prières agréées que les serviteurs de Jéhovah offrent jour et nuit. — 1 Thessaloniciens 3:10 ; Hébreux 5:7
      Pour que Dieu agrée nos prières, nous devons le prier au nom de Jésus Christ (Jean 16:23, 24). Au demeurant, comment pouvons-nous améliorer la qualité de nos prières ? L’examen de quelques exemples pris dans les Écritures devrait nous aider à préparer nos prières comme l’encens devant Jéhovah. — Proverbes 15:8.
      Prions avec foi
      Si nous voulons que nos prières montent vers Dieu comme un encens de bonne odeur, il nous faut les lui offrir avec foi (Hébreux 11:6). Lorsque des anciens ont affaire à une personne spirituellement malade qui réagit bien à leurs conseils bibliques, ‘ leur prière de foi rétablit celui qui est souffrant ’. (Jacques 5:15.) Notre Père céleste prend plaisir à voir quelqu’un le prier avec foi et étudier consciencieusement sa Parole. Un psalmiste qui manifestait cet excellent état d’esprit a écrit : “ Je lèverai mes paumes vers tes commandements que j’ai aimés, et je veux m’intéresser à tes prescriptions. Enseigne-moi la bonté, le bon sens et la connaissance, car j’ai exercé la foi en tes commandements. ” (Psaume 119:48, 66). ‘ Étendons nos paumes ’ en priant avec humilité et exerçons la foi en observant les commandements de Dieu.
      La prière un lien véritable à la sagesse divine
      Supposons que nous manquions de sagesse pour surmonter une épreuve ; par exemple, nous pourrions ne pas être convaincus qu’une certaine prophétie soit déjà en train de se réaliser. Plutôt que de laisser cette incertitude nous déstabiliser spirituellement, prions pour recevoir de la sagesse (Galates 5:7, 8 ; Jacques 1:5-8). N’escomptons pas cependant que Dieu nous réponde d’une manière spectaculaire, mais démontrons la sincérité de nos prières en faisant ce qu’il attend de tous ses serviteurs : qu’ils bâtissent leur foi en étudiant les Écritures à l’aide des publications fournies par l’intermédiaire de “ l’esclave fidèle et avisé ”. (Matthieu 24:45-47 ; Josué 1:7, 8.) Nous avons besoin également d’augmenter notre connaissance en prenant part régulièrement aux réunions du peuple de Dieu. — Hébreux 10:24, 25.
      Certains chrétiens semblent avoir perdu de vue que nous sommes à un stade avancé du “ temps de la fin ”. (Daniel 12:4.) C’est ce que révèlent l’orientation qu’ils donnent à leur vie et leurs centres d’intérêt. Il convient de prier pour que ces chrétiens ravivent ou affermissent leur foi dans les preuves que fournit la Bible que la présence du Christ a commencé en 1914 et que, ayant été intronisé au ciel par Jéhovah cette année-là, il règne depuis lors au milieu de ses ennemis (Psaume 110:1, 2 ; Matthieu 24:3). Nous devrions tous être bien conscients du fait que des événements annoncés, tels que la destruction de la fausse religion (“ Babylone la Grande ”), l’attaque satanique de Gog de Magog contre les serviteurs de Jéhovah et l’intervention salvatrice de Dieu le Tout-Puissant lors de la guerre d’Har-Maguédôn, peuvent survenir avec une rapidité saisissante et s’enchaîner sur une période relativement courte (Révélation 16:14, 16 ; 18:1-5 ; Ézékiel 38:18-23). Aussi, prions Dieu de nous aider à rester spirituellement éveillés. Puissions-nous tous prier avec conviction pour que le nom de Jéhovah soit sanctifié, pour que son Royaume vienne et pour que sa volonté se fasse sur la terre comme elle est faite au ciel ! Puissions-nous aussi continuer à exercer la foi et à démontrer par des actes la sincérité de nos prières (Matthieu 6:9, 10) ! Que tous ceux qui aiment Jéhovah puissent vraiment chercher d’abord le Royaume et Sa justice, et participer le plus possible à la prédication de la bonne nouvelle avant que vienne la fin ! — Matthieu 6:33 ; 24:14.
      Louons et remercions Jéhovah
      Une manière importante de ‘ préparer nos prières comme l’encens ’ consiste à louer et à remercier Dieu du fond de notre cœur. Le roi David a prononcé une prière de ce genre quand lui et le peuple d’Israël ont fait des contributions pour la construction du temple de Jéhovah. Il s’est exprimé ainsi : “ Béni sois-tu, ô Jéhovah le Dieu d’Israël notre père, depuis des temps indéfinis et pour des temps indéfinis. À toi, ô Jéhovah, sont la grandeur, la puissance, la beauté, la supériorité et la dignité ; car tout, dans les cieux et sur la terre, est à toi. À toi est le royaume, ô Jéhovah, Celui qui t’élève aussi en chef au-dessus de tout. La richesse et la gloire sont grâce à toi, et tu domines tout ; dans ta main il y a force et puissance, et dans ta main est le pouvoir de rendre grand et de donner de la vigueur à tous. Et maintenant, ô notre Dieu, nous te remercions et nous louons ton nom magnifique. ” — 1 Chroniques 29:10-13.
      Quelles splendides expressions de louange et de reconnaissance ! Même si nos prières ne sont pas aussi éloquentes, elles peuvent témoigner de la même sincérité. Les actions de grâces et les louanges abondent dans le livre des Psaumes. Les Psaumes 148, 149 et 150, en particulier, louent Dieu en des termes particulièrement choisis. La gratitude envers Dieu imprègne également de nombreux psaumes. “ J’ai demandé une chose à Jéhovah, a chanté David, — c’est ce que je chercherai : Que j’habite dans la maison de Jéhovah tous les jours de ma vie, pour contempler le charme de Jéhovah et pour regarder avec admiration son temple. ” (Psaume 27:4). Agissons en harmonie avec de telles prières en participant avec zèle à toutes les activités des “ foules rassemblées ” par Jéhovah (Psaume 26:12). Ajoutons à cela la méditation quotidienne de sa Parole, et nous aurons quantité de raisons de louer et de remercier sincèrement Jéhovah.
      Recherchons humblement l’aide de Jéhovah
      Nous avons l’assurance que Jéhovah entend les appels à l’aide de ses Témoins qui le servent d’un cœur entier (Isaïe 43:10-12). C’est ce qu’illustre un épisode de la vie d’Asa, qui a été roi de Juda pendant 41 ans (977-937 av. n. è.). Après dix premières années de règne marquées par la paix, le pays a été envahi par une armée de un million d’hommes conduite par Zérah l’Éthiopien. Bien qu’infiniment moins nombreux, Asa et ses hommes sont sortis à la rencontre de l’ennemi. Cependant, avant de livrer bataille, Asa a prononcé une prière fervente, dans laquelle il a exprimé sa confiance dans le pouvoir salvateur de Jéhovah. Implorant son aide, il a dit : “ Sur toi nous nous appuyons et c’est en ton nom que nous sommes venus contre cette foule. Ô Jéhovah, tu es notre Dieu. Que le mortel ne conserve pas de vigueur contre toi. ” En conséquence, Jéhovah a sauvé Juda à cause de son grand nom ; il a donné aux Israélites une victoire totale (2 Chroniques 14:1-15). Qu’il nous délivre de l’épreuve ou qu’il nous donne la force de l’endurer, il est hors de doute que Dieu entend nos appels à l’aide.
      Soyons certains que Jéhovah entend tout autant nos requêtes lorsque nous ne savons pas comment agir dans une certaine situation critique. C’est ce qu’a pu vérifier le roi de Juda Yehoshaphat, dont les 25 ans de règne ont commencé en 936 avant notre ère. Quand Juda s’est trouvé menacé par les armées coalisées de Moab, d’Ammôn et de la région montagneuse de Séïr, Yehoshaphat a fait cette supplication : “ Ô notre Dieu, n’exécuteras-tu pas le jugement sur eux ? Car en nous il n’y a pas de force devant cette foule nombreuse qui vient contre nous ; et nous, nous ne savons que faire, mais nos yeux sont tournés vers toi. ” Jéhovah a répondu à cette prière humble : il a combattu en faveur de Juda en semant la confusion dans les rangs des ennemis de sorte que ceux-ci se sont entretués. À la suite de cela, la crainte a saisi les nations d’alentour, et Juda a connu la paix (2 Chroniques 20:1-30). Lorsque nous manquons de la sagesse nécessaire pour résoudre une grave difficulté, reconnaissons, comme Yehoshaphat : ‘ Nous ne savons que faire, mais nos yeux sont tournés vers toi, Jéhovah. ’ L’esprit saint peut nous rappeler alors à la mémoire des pensées bibliques qui nous donneront la solution, à moins que l’aide divine ne revête une forme qui dépasse l’entendement humain. — Romains 8:26, 27.
       Avant de recevoir l’aide de Dieu, peut-être nous faudra-t-il persévérer dans la prière. Nehémia a mené deuil, a pleuré, jeûné et prié pendant des jours à propos de la muraille en ruine de Jérusalem et de la situation pitoyable des habitants de Juda (Nehémia 1:1-11). Ses prières sont manifestement montées vers Dieu comme un encens de bonne odeur. Devant la mine abattue de Nehémia, le roi perse Artaxerxès lui a un jour demandé : “ Que cherches-tu donc à obtenir ? ” “ Aussitôt, raconte Nehémia, je priai le Dieu des cieux. ” Cette requête courte et silencieuse a été exaucée : Nehémia a reçu l’autorisation d’accomplir ce qui lui tenait à cœur : se rendre à Jérusalem pour y rebâtir la muraille. — Nehémia 2:1-8.
      Jésus nous apprend à prier
      De toutes les prières qui ont été conservées dans les Écritures, il en est une particulièrement instructive ; c’est la prière modèle, que Jésus Christ a présentée comme un encens de bonne odeur. Voici ce que nous lisons dans l’Évangile de Luc : “ Un [des] disciples [de Jésus] lui dit : ‘ Seigneur, apprends-nous à prier, comme Jean aussi l’a appris à ses disciples. ’ Alors il leur dit : ‘ Quand vous priez, dites : “ Père, que ton nom soit sanctifié. Que ton royaume vienne. Donne-nous notre pain pour le jour selon les besoins du jour. Et pardonne-nous nos péchés, car nous-mêmes aussi nous pardonnons à tous ceux qui nous doivent ; et ne nous fais pas entrer en tentation. ” ’ ” (Luc 11:1-4 ; Matthieu 6:9-13). Cette prière n’était pas destinée à être récitée, mais plutôt à donner une indication de ce pour quoi il faut prier. 
       “ Père, que ton nom soit sanctifié. ” Jéhovah accorde à ceux qui le servent et lui sont voués le privilège spécial de l’appeler Père. Comme des enfants qui confient tout à un père qu’ils savent miséricordieux, nous devrions prendre régulièrement le temps d’adresser à Dieu des prières empreintes de dignité et de vénération (Psaume 103:13, 14). Nos prières devraient traduire l’intérêt que nous portons à la sanctification de son nom, que nous aspirons à voir lavé de tout l’opprobre dont il a été couvert. Oui, nous voulons que le nom de Jéhovah soit mis à part et tenu pour saint, ou sacré. — Psaumes 5:11 ; 63:3, 4 ; 148:12, 13 ; Ézékiel 38:23.
      “ Que ton royaume vienne. ”
      “ Que ton royaume vienne. ” Le Royaume représente la domination que Jéhovah exerce par l’intermédiaire du gouvernement céleste messianique qu’il a confié à son Fils, Jésus, et aux “ saints ” qui lui sont associés (Daniel 7:13, 14, 18, 27 ; Révélation 20:6). Bientôt, ce Royaume ‘ viendra ’ contre tous ceux sur la terre qui s’opposent à la souveraineté divine et il les fera disparaître (Daniel 2:44). Après cela, la volonté de Jéhovah sera faite sur la terre, comme elle l’est au ciel (Matthieu 6:10). Quelle joie ce sera pour toutes les créatures qui servent fidèlement le Souverain de l’univers !
       “ Donne-nous notre pain pour le jour selon les besoins du jour. ” En demandant à Jéhovah la nourriture “ pour le jour ”, nous montrons que nous ne cherchons pas à avoir abondance de biens, mais seulement de quoi satisfaire nos besoins quotidiens. Tout en comptant sur Dieu, nous travaillons et mettons à profit les moyens à notre disposition pour nous procurer la nourriture et les autres choses nécessaires à la vie (2 Thessaloniciens 3:7-10). Nous devrions évidemment remercier notre Bienfaiteur céleste, car c’est grâce à son amour, à sa sagesse et à sa puissance que nous avons tout cela. — Actes 14:15-17
       “ Pardonne-nous nos péchés, car nous-mêmes aussi nous pardonnons à tous ceux qui nous doivent. ” Étant donné que nous sommes imparfaits et pécheurs, il nous est impossible de nous conformer absolument aux normes parfaites de Jéhovah. Nous avons donc besoin de le prier de nous accorder son pardon en vertu du sacrifice rédempteur de Jésus. Mais pour que ‘ Celui qui entend la prière ’ applique le mérite de ce sacrifice à nos péchés, il nous faut également nous repentir et accepter toute discipline qu’il juge bon de nous administrer (Psaume 65:2 ; Romains 5:8 ; 6:23 ; Hébreux 12:4-11). Enfin, nous ne pouvons nous attendre à ce que Dieu nous pardonne que si nous “ avons remis à nos débiteurs ”, c’est-à-dire à ceux qui ont péché contre nous. — Matthieu 6:12, 14, 15.
       “ Ne nous fais pas entrer en tentation. ” Quand la Bible dit que Jéhovah fait telle ou telle chose, c’est parfois simplement pour dire qu’il permet qu’elle se produise (Ruth 1:20, 21). Ce n’est pas lui qui nous tente pour nous faire pécher (Jacques 1:13). Les tentations de commettre le mal viennent du Diable, de notre chair imparfaite et du monde. Satan est le Tentateur qui essaie par ses manœuvres de nous faire pécher contre Dieu (Matthieu 4:3 ; 1 Thessaloniciens 3:5). Lorsque nous prions Dieu de ‘ ne pas nous faire entrer en tentation ’, nous lui demandons en fait de ne pas permettre que nous cédions si nous sommes tentés de lui désobéir. Il peut nous indiquer la voie à suivre pour ne pas succomber ni nous laisser vaincre par Satan, le “ méchant ”. — Matthieu 6:13 ; 1 Corinthiens 10:13.
      Agissons en harmonie avec nos prières
      Comment pouvons-nous agir en harmonie avec les prières dans lesquelles nous demandons à être heureux en mariage et dans notre vie de famille?
      La prière modèle de Jésus aborde les points principaux, mais il y a toutes sortes de choses qui peuvent faire l’objet de nos prières. Ce peut être, par exemple, le désir d’être heureux en mariage ; ou bien celui de rester pur jusqu’au jour des noces. Dans ce cas, prions pour avoir de la maîtrise de soi. Mais soyons également conséquents avec nos prières en rejetant les lectures et les divertissements impurs. Soyons déterminés aussi à ‘ nous marier seulement dans le Seigneur ’. (1 Corinthiens 7:39 ; Deutéronome 7:3, 4.) Une fois mariés, ne nous contentons pas de prier pour être heureux : appliquons les conseils venant de Dieu. Si nous avons des enfants, aspirons-nous à les voir devenir de fidèles serviteurs de Jéhovah ? Alors, tout en priant dans ce sens, faisons tout notre possible pour leur inculquer les vérités divines en étudiant la Bible avec eux et en les emmenant régulièrement aux réunions chrétiennes. — Deutéronome 6:5-9 ; 31:12 ; Proverbes 22:6.
      Prions-nous pour que Dieu bénisse notre ministère ? Agissons en harmonie avec ces prières en participant de façon significative à la prédication du Royaume. Si nous prions pour avoir des occasions d’aider les autres à emprunter le chemin de la vie éternelle, ayons soin de bien prendre note des personnes qui manifestent de l’intérêt et soyons prêts à adapter notre programme pour y inclure des études bibliques. Enfin, si nous poursuivons l’objectif de devenir pionniers afin de prendre part à l’œuvre d’évangélisation à plein temps, allons dans le sens de nos prières en augmentant notre participation au ministère et en prêchant avec des pionniers. Nous montrerons ainsi que nous agissons en harmonie avec nos prières.
      Si nous servons Jéhovah fidèlement, nous pouvons être certains qu’il répondra aux prières conformes à sa volonté que nous lui adresserons (1 Jean 5:14, 15).. Faisant une comparaison avec l’odeur agréable de l’encens que les prêtres offraient dans le temple, la Parole de Dieu nous donne cette assurance : “ La prière des hommes droits est pour lui un plaisir. ” — Proverbes 15:8.
       

      · 0 replies
    • folens  »  Eric Ouellet

      Hello Eric, as tu déjà préparé le sujet des joyaux du 10 novembre concernant le but des sacrifices et offrandes, sachant que nous devons d'abord présenter le livre du Lévitique. Comment être concis?
      Le but des sacrifices et des offrandes.dot la Mer Morte.pps
      · 1 reply
    • Emma Rose

      Would a kind soul please help me with how to reply using the quote more than once.
      · 5 replies
    • Dee Gordon  »  T.B. (Twyla)

      HI TWYLA...DEE GORDON HERE.  WOULD LIKE  TO CHANGE MY EMAIL ADDRESS YOU SEND MY MEETING WORKBOOK TO.  I DON'T USE FACEBOOK BUT WOULD LIKE TO CONTINUE TO RECEIVE THE WORKBOOK INFO AND WATCHTOWER NOTES PLEASE . THIS ONE STILL RUNNING YOU HAVE ME SIGNED UP FOR...JUST THAT IT WOULD BE MORE CONVENIENT AT THIS TIME.
      · 3 replies
    • Eric Ouellet

      Apprenons à craindre Jéhovah
      “ La crainte de Jéhovah est le début de la sagesse. ” — PROVERBES 9:10.

      IL FUT un temps où dire de quelqu’un craignait Dieu était un compliment. Beaucoup jugent aujourd’hui désuète et illogique l’idée de craindre Dieu. " Pourquoi craindre Dieu s’il est amour?" s’étonnent-ils. C’est que la crainte est à leurs yeux un sentiment forcément négatif, voire paralysant. Or, la crainte de Dieu, la vraie, est bien autre chose que de la peur et, comme nous allons le voir, elle ne se résume pas à un sentiment.
       La Bible présente la crainte de Dieu sous un jour positif (Isaïe 11:3). Craindre Dieu, c’est éprouver envers lui un profond respect et désirer vivement ne pas lui déplaire (Psaume 115:11). C’est aussi accepter ses normes morales et s’y conformer strictement, appliquer dans notre vie ses critères du bien et du mal. Un ouvrage de référence indique que cette crainte salutaire exprime “ un rapport à Dieu, une disposition d’esprit dominante, qui incite à se conduire avec sagesse et à rejeter le mal sous toutes ses formes ”. La Bible dit d’ailleurs que “ la crainte de Jéhovah est le début de la sagesse ”. — Proverbes 9:10.
      La crainte de Dieu influe sur de nombreux domaines de l’existence. Outre la sagesse, elle favorise la joie, la paix, la prospérité, la longévité, l’espoir, la confiance (Psaume 2:11 ; Proverbes 1:7 ; 10:27 ; 14:26 ; 22:4 ; 23:17, 18 ; Actes 9:31). Elle est étroitement liée à la foi et à l’amour. Pour tout dire, elle touche tous les aspects de nos relations avec Dieu et avec les humains (Deutéronome 10:12 ; Job 6:14 ; Hébreux 11:7). Craindre Dieu, enfin, c’est avoir la ferme conviction que notre Père céleste se soucie de nous personnellement et qu’il est disposé à pardonner nos transgressions (Psaume 130:4). Il n’y a donc qu’aux pécheurs non repentants que Dieu devrait inspirer de la terreur. — Hébreux 10:26-31.
      APPRENONS À CRAINDRE DIEU
      Puisqu’il est indispensable de le craindre pour prendre de sages décisions et recevoir ses bénédictions, comment "apprendre à craindre Jéhovah"
      dans le bon sens du terme (Deutéronome 17:19) ? De nombreux exemples d’hommes et de femmes qui craignaient Dieu ont été consignés dans les Écritures “ pour notre instruction ”. (Romains 15:4.) Intéressons-nous à la vie de l’un de ces personnages, le roi David.
      Saül, le premier roi d’Israël, avait la crainte du peuple, mais pas la crainte de Dieu. Cela lui a valu d’être rejeté par Jéhovah (1 Samuel 15:24-26). David, lui, était un homme qui craignait vraiment Dieu ; sa vie et son intimité avec Jéhovah en témoignent. Les nombreuses nuits à la belle étoile qu’il avait passées dans sa jeunesse à faire paître les moutons de son père l’avaient certainement aidé à comprendre ce qu’est la crainte de Jéhovah (1 Samuel 16:11). De l’immense univers, il n’avait contemplé qu’une infime partie, mais cela lui avait suffi pour saisir l’essentiel : Dieu mérite respect et adoration. “ Quand je vois tes cieux, les œuvres de tes doigts, la lune et les étoiles que tu as préparées, écrira-t-il plus tard, qu’est-ce que le mortel pour que tu penses à lui, et le fils de l’homme tiré du sol pour que tu t’occupes de lui ? ” — Psaume 8:3, 4.
      Il était normal que David soit impressionné quand il comparait sa petitesse à l’immensité des cieux étoilés. Mais, loin de l’effrayer, cette connaissance le portait à louer Jéhovah. “ Les cieux proclament la gloire de Dieu, a-t-il écrit ; et l’œuvre de ses mains, l’étendue l’annonce. ” (Psaume 19:1). Ce profond respect le rapprochait de Jéhovah ; il lui donnait envie d’apprendre ses voies parfaites et de les suivre. Percevez-vous les sentiments qui l’habitaient quand il chantait ce psaume : “ Tu es grand et tu fais des choses prodigieuses ; tu es Dieu, toi seul. Instruis-moi de ta voie, ô Jéhovah ! Je marcherai dans ta vérité. Unifie mon cœur pour craindre ton nom. ” — Psaume 86:10, 11.
      Quand les Philistins ont envahi le pays d’Israël, leur champion, Goliath, a provoqué les Israélites du haut de ses trois mètres. " Envoyez donc quelqu’un m’affronter en combat singulier ! les narguait-il. S’il me bat, nous serons vos serviteurs. " (1 Samuel 17:4-10). Saül et toute son armée étaient terrifiés. Mais pas David. S’il devait craindre quelqu’un, c’était Jéhovah, et non un homme, si fort soit-il. “ Je viens vers toi avec le nom de Jéhovah des armées, a-t-il lancé à Goliath. [...] Et toute cette assemblée saura que ce n’est ni par l’épée ni par la lance que Jéhovah sauve réellement, car à Jéhovah appartient la bataille. ” Grâce à Jéhovah, une fronde et une pierre ont suffi à David pour abattre le géant. — 1 Samuel 17:45-47.
      Il peut arriver que nous nous trouvions devant des obstacles ou des ennemis aussi intimidants que ceux qu’a dû affronter David. Que faire alors ? Imiter David et d’autres fidèles du passé en s’armant de la crainte de Dieu. La crainte de Dieu l’emporte sur la crainte de l’homme. À ses compatriotes en butte à l’opposition, le fidèle Nehémia a adressé cette exhortation : “ N’ayez pas peur à cause d’eux. Souvenez-vous de Jéhovah le Grand et le Redoutable. ” (Nehémia 4:14). C’est parce qu’ils avaient son soutien que David, Nehémia et d’autres ont réussi à faire ce que Jéhovah attendait d’eux. Nous le pourrons également si nous craignons Dieu.
      Après celle sur Goliath, Jéhovah a accordé d’autres victoires à David. Jaloux, Saül a tenté de tuer le jeune homme, d’abord dans un geste de colère, puis par des moyens détournés, enfin en mobilisant toute une armée contre lui. Même si David avait reçu l’assurance qu’il serait roi, pendant des années il a dû fuir, se battre, et attendre le moment fixé par Jéhovah. Dans toutes ces situations, il ne s’est jamais départi de sa crainte du vrai Dieu. — 1 Samuel 18:9, 11, 17 ; 24:2.
      À un moment donné, David s’est réfugié auprès d’Akish, le roi de Gath, ville philistine d’où était originaire Goliath (1 Samuel 21:10-15). Les serviteurs d’Akish l’ont dénoncé comme ennemi. Comment a-t-il réagi à cette situation périlleuse ? Il s’est confié à Jéhovah de tout son cœur (Psaume 56:1-4, 11-13). Il s’est finalement sorti du guêpier en simulant la démence, mais il était bien conscient de devoir son salut à Jéhovah, qui avait béni son stratagème. David a prouvé qu’il craignait vraiment Dieu en plaçant toute sa confiance en lui. — Psaume 34:4-6, 9-11.
      À l’exemple de David, nous montrerons que nous craignons Dieu en ayant confiance en sa promesse de nous aider dans les épreuves. “ Roule ta voie sur Jéhovah, compte sur lui, et c’est lui qui agira ”, a affirmé David (Psaume 37:5). Cela ne veut pas dire qu’il faut mettre nos problèmes entre les mains de Jéhovah sans rien faire d’autre qu’attendre son intervention. David ne s’est pas contenté de prier et de voir venir. Il a cherché une solution à son problème en utilisant les capacités physiques et intellectuelles dont Jéhovah l’avait doté. Pour autant, il ne pensait pas que ses efforts d’humain suffiraient. Cette façon de voir devrait aussi être la nôtre. Faisons tout ce qui est en notre pouvoir, puis laissons Jéhovah se charger du reste. Cela étant, il est fréquent que nous ne puissions rien faire d’autre que compter sur Jéhovah. C’est là que la crainte de Dieu revêt un caractère très personnel. Combien est réconfortante cette réflexion de David : “ L’intimité avec Jéhovah appartient à ceux qui le craignent. ” — Psaume 25:14.
      Il s’agit donc de ne pas banaliser nos prières et nos relations avec Dieu. Lorsque nous nous ‘ avançons ’ vers Jéhovah, nous devons “ croire qu’il est, et qu’il devient celui qui récompense ceux qui le cherchent réellement ”. (Hébreux 11:6 ; Jacques 1:5-8.) Et quand il vient à notre aide, il nous faut, conformément au conseil de l’apôtre Paul, ‘ nous montrer reconnaissants ’. (Colossiens 3:15, 17.) Ne ressemblons jamais à ceux dont un chrétien oint expérimenté a dit : “ Ils prennent Dieu pour une sorte de garçon de café. Ils aimeraient qu’il réponde à un claquement de doigts dès qu’ils ont besoin de quelque chose, et qu’il disparaisse dès qu’ils ont eu ce qu’ils voulaient. ” Où est leur crainte de Dieu ?
      Le fait que Jéhovah l’ait secouru a augmenté la confiance et la crainte que David éprouvait envers lui (Psaume 31:22-24). Trois fois, cependant, David a mis notablement sa crainte de Dieu entre parenthèses, ce qui a eu des conséquences tragiques. La première fois, c’est quand il a décidé de faire transporter l’arche de l’alliance à Jérusalem sur un chariot, et non sur les épaules des Lévites comme le prescrivait la Loi. Ouzza, qui conduisait le chariot, a saisi l’Arche pour l’empêcher de tomber. Dieu l’a fait mourir sur le champ pour cet “ acte d’irrévérence ”. Certes, Ouzza avait commis un péché grave, mais c’est bien David qui, pour n’avoir pas respecté la Loi divine, était responsable de ce drame. Craindre Dieu suppose que l’on fasse les choses comme lui l’entend. — 2 Samuel 6:2-9 ; Nombres 4:15 ; 7:9.
      Une autre fois, sous l’impulsion de Satan, David a procédé au dénombrement des hommes de guerre en Israël (1 Chroniques 21:1). Là encore, il a cessé momentanément de craindre Dieu, ce qui a coûté la vie à 70 000 de ses compatriotes. Bien qu’il se soit repenti devant Jéhovah, lui et le peuple ont beaucoup souffert en la circonstance. — 2 Samuel 24:1-16
      C’est aussi parce qu’il avait oublié sa crainte de Dieu que David a couché avec Bath-Shéba, la femme d’Ouriya. David savait qu’il était mal, non seulement de commettre l’adultère, mais aussi de désirer la femme d’un autre (Exode 20:14, 17). Tout a commencé quand il a aperçu Bath-Shéba qui se baignait. La crainte de Dieu lui commandait de détourner son regard immédiatement et de maîtriser ses pensées. Mais il a manifestement ‘ continué à regarder ’, si bien que la passion l’a emporté sur sa crainte de Dieu (Matthieu 5:28 ; 2 Samuel 11:1-4). David a oublié que Jéhovah devait être présent dans tous les domaines de sa vie. — Psaume 139:1-7.
      De son adultère avec Bath-Shéba est né un fils. Peu après, Jéhovah a envoyé le prophète Nathân dénoncer le péché de David. Retrouvant la crainte de Dieu en même temps que la raison, celui-ci s’est repenti. Il a supplié Jéhovah de ne pas le rejeter et de ne pas lui retirer son esprit saint (Psaume 51:7, 11). Jéhovah lui a pardonné et a atténué le châtiment, mais il ne lui a pas épargné toutes les conséquences de ses actes. Le fils de David est mort ; les malheurs se sont succédé dans sa famille. Quel prix à payer pour avoir momentanément fait abstraction de la crainte de Dieu ! — 2 Samuel 12:10-14 ; 13:10-14 ; 15:14.
      Aujourd’hui de même, ne pas craindre Dieu dans le domaine de la moralité peut avoir des conséquences graves et durables. Imaginez la douleur de cette jeune femme qui découvre que son mari chrétien l’a trompée lors d’un déplacement professionnel à l’étranger. Choquée, anéantie par le chagrin, elle enfouit son visage dans ses mains et pleure toutes les larmes de son corps. Combien de temps faudra-t-il au mari infidèle pour regagner la confiance et le respect de sa femme ? Des situations aussi pénibles peuvent être évitées grâce à la crainte de Dieu. — 1 Corinthiens 6:18.
      Satan détruit les valeurs morales de la société humaine les unes après les autres, et il cherche particulièrement à corrompre les vrais chrétiens. Pour ce faire, il exploite le chemin le plus direct vers le cœur et l’esprit : nos sens, avec une prédilection pour l’ouïe et la vue (Éphésiens 4:17-19). Comment réagissez-vous quand, involontairement, vous vous trouvez exposé à des images ou à des paroles obscènes, ou encore en présence d’individus immoraux ?
      Voyez le cas d’André. Cet ancien et père de famille est médecin dans un pays d’Europe. Quand il était de garde de nuit à l’hôpital, des collègues féminines avaient pris l’habitude d’épingler sur son oreiller des mots doux ornés de petits cœurs pour l’inviter à coucher avec elles. André s’interdisait résolument d’accorder la moindre pensée à ces avances. Mieux, pour se soustraire à cet environnement malsain, il a changé d’établissement. Sa crainte de Dieu s’est révélée sage et lui a valu des bénédictions, puisqu’il effectue aujourd’hui une partie de ses activités au siège des Témoins de Jéhovah de son pays.
      Troquer nos précieuses relations avec Jéhovah contre quelque chose auquel nous n’avons pas droit : voilà où nous risquons d’en arriver en cultivant de mauvaises pensées (Jacques 1:14, 15). Si nous craignons Jéhovah, en revanche, nous nous tiendrons éloignés — et même nous nous écarterons délibérément — des gens, des lieux, des activités ou des divertissements qui pourraient nous faire baisser notre garde (Proverbes 22:3). Quel que soit l’inconvénient ou le sacrifice que cela implique, il n’est rien à côté de la perte de la faveur divine (Matthieu 5:29, 30). La crainte de Dieu nous commande de ne jamais nous exposer intentionnellement à quoi que ce soit d’immoral — à commencer par la pornographie sous toutes ses formes —, mais aussi de faire en sorte que nos yeux “ passent sans s’arrêter à la vue de ce qui n’est que néant ”. Soyons convaincus que Jéhovah, alors, nous ‘ gardera en vie ’ et nous donnera tout ce dont nous avons réellement besoin. — Psaume 84:11 ; 119:37.
       Assurément, c’est toujours faire preuve de sagesse que de laisser la crainte de Dieu dicter nos actions. C’est aussi la source du vrai bonheur (Psaume 34:9)

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